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Caracteristicas Demograficas


Como señala Robert y Botella (1995) durante mucho tiempo se consideró como prototipo de jugador patológico a un hombre, varón, de raza blanca, con nivel cultural medio-alto y de mediana edad. Este perfil se extrajo a partir del estudio de la población que acudía a tratamiento, no correspondiendo con los datos más actuales, que comprenden también a aquellos identificados en los estudios epidemiológicos y que no buscan tratamiento.

Sexo

Sigue habiendo predominio de hombres, aunque las diferencias entre sexos no son tan marcadas en los estudios epidemiológicos como en los clínicos. En el primer tipo de estudios la distribución por sexo de los jugadores patológicos suele estar en torno a dos hombres por cada mujer.

Estas diferencias parecen incrementarse en el caso de la población adolescente, llegando incluso a ser una relación hombre-mujer de 4:1 para los jugadores patológicos y de 3:1 para los jugadores problema. En los estudios del ámbito clínico se registra una mayor desproporción en cuanto al sexo, siendo por lo general de 9 o 10 hombres por cada mujer.

Según los estudios llevados a cabo en España, también existen diferencias respecto al sexo de los jugadores en función del tipo de juego considerado. Así, por ejemplo y como generalidad, a las máquinas tragaperras juegan más hombres que mujeres, y en cambio al cupón de la Once o a las loterías diarias juegan más mujeres.


Edad

En cuanto a la edad, los datos de los estudios epidemiológicos apuntan que se da en todas las edades, si bien con mayor frecuencia entre la gente joven, entre los 18 y 30 años, que constituye del 30 al 40 % de los jugadores identificados.


En cambio, es muy reducido el porcentaje de estos jóvenes que acude a tratamiento. Así en el estudio de Volberg y Steadman (1988), el porcentaje de jugadores patológicos menores de 30 años es del 38%, mientras que sólo constituye el 18% de los que acude a tratamiento. Las razones por las que el número en esta población es elevado, proceden de la exposición a modelos, en especial familiares, de juego patológico, y por la toma de contacto y participación en juegos con máquinas recreativas sin premio en edades muy tempranas.


Clase Social

La legalización y proliferación del juego han ocasionado que los juegos de azar estén hoy al alcance de personas de todas las clases sociales, de modo que en todas ellas se dan por igual tanto la conducta de juego con los jugadores.

Sin embargo, parecen existir distinciones en función de los diversos tipos de juego. Por ejemplo, entre los jugadores de casino predominan las personas de clase alta y media-alta, mientras que las máquinas recreativas con premio causan mayores estragos entre las clases sociales medias y bajas. El juego de Bingo es más propio de la clase media.


Nivel de Educación

Los primeros estudios señalaban que los jugadores patológicos tenían un nivel de educación equivalente al promedio de la población o incluso mayor, como ocurre con el nivel de inteligencia, pero esto parece ser más bien una característica de los que acuden a tratamiento. La mayoría de los estudios epidemiológicos posteriores indican que, al igual que la clase social, el juego patológico parece afectar a gente de todos los niveles por igual. (Becoña, 1991, 1993)

Estado Civil

En líneas generales, los estudios parecen apuntar sistemáticamente a una mayor relevancia del juego patológico entre las personas solteras, divorciadas, separadas y viudas que entre las casadas. (Becoña, 1991-1993).

Parece como si el estar casado actuara de alguna manera como elemento de contención con respecto al desarrollo de este problema. Pero aunque en proporción mayor el número de jugadores solteros que casados, son éstos los que con más frecuencia acuden a tratamiento. Los estudios en el ámbito clínico señalan que, de las personas en tratamiento por problemas de juego patológico, entre el 50% y el 70% están casadas. Como señalan Ochoa y Labrador (1994), la familia o pareja puede cumplir un papel importante bien previniendo el agravamiento de conductas de juego, bien empujando a las personas que ya han desarrollado problemas de juego patológico a acudir a tratamiento.


Ocupación

Algunos estudios han indicado cuál es la ocupación de las personas con problemas de juego. En los jugadores patológicos que estaban en tratamiento en un centro privado, el 76% estaban empleados a tiempo completo, el 5% a tiempo parcial y en paro un 19 %.

El estudio de Sommers (1988), realizado en la población, viene a indicar sólo ligeras diferencias entre el estatus ocupacional de la población en general y la de los probables y potenciales jugadores patológicos.

Factores Socio-Familiares


Probablemente, como señala Griffiths (1990), son los factores sociales los que mejor explican la adquisición de conductas de juego, incidiendo de forma decisiva en que éstas se constituyan en conductas esporádicas y de carácter lúdico o en conductas de juego patológico. Un cúmulo de factores de raíz social,  como la influencia de modelos de juego en la familia, medios de comunicación, concursos con premio, juegos sin premio monetario…, parecen influir de forma importante en el inicio de las conductas de juego.

Entre estos factores, los que implican problemas familiares y déficit de relaciones sociales se encuentran parcialmente asociados al juego patológico, junto con aspectos con el consumo de alcohol y la depresión.

En concreto, en nuestro país, Martínez Pina y cols (1991) han destacado la importancia de la inestabilidad familiar y laboral como determinantes del juego patológico, junto con el alcohol, vivir solo, o el absentismo laboral.

Como señalaban Ochoa y Labrador (1994), probablemente el aspecto más destacable es la influencia que la propia familia tiene sobre los jóvenes respecto al desarrollo de conductas de juego, en especial si alguno de los miembros de la familia es jugador patológico.


 
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